La vacunación es una de las medidas preventivas con mayor impacto en la salud de las personas mayores. A partir de cierta edad, las infecciones que en una persona joven se resuelven con reposo pueden derivar en hospitalización, descompensación de enfermedades crónicas o pérdida funcional duradera. Esta página explica por qué la inmunidad cambia con los años, qué vacunas contempla el calendario español para personas mayores y dónde se ponen.
Por qué la vacunación gana peso con la edad
El sistema inmunitario envejece. Este fenómeno, llamado inmunosenescencia, significa, en términos sencillos, que las defensas del cuerpo responden más despacio, generan menos anticuerpos y mantienen la memoria inmunitaria durante menos tiempo. Las consecuencias prácticas:
- Las infecciones habituales (gripe, neumonía, herpes) son más frecuentes y más graves.
- La recuperación es más lenta y deja más secuelas.
- Las vacunas puestas en la infancia pueden haber perdido eficacia y necesitan recuerdo.
- Las enfermedades crónicas (corazón, pulmón, diabetes) se descompensan con cualquier infección añadida.
La vacunación en mayores no busca tanto evitar el contagio como prevenir las complicaciones graves: ingreso hospitalario, neumonía secundaria, infarto desencadenado por una infección, deterioro cognitivo tras un episodio agudo.
Gripe estacional
La vacuna antigripal es la más conocida y la que más vidas salva en mayores. Se administra cada otoño, antes del inicio de la temporada (habitualmente octubre-noviembre), porque el virus cambia cada año y la protección no se mantiene de una campaña a otra.
Está recomendada de forma sistemática a partir de los 60-65 años (la edad exacta depende del calendario vigente y de la comunidad autónoma) y a cualquier edad si hay enfermedad crónica relevante. Para conocer la edad y el momento exacto, lo más fiable es consultar el calendario actualizado en el centro de salud o en la web del Ministerio de Sanidad.
Neumococo
El neumococo es la bacteria responsable de la mayoría de neumonías graves en personas mayores. La vacuna antineumocócica reduce el riesgo de neumonía con ingreso hospitalario y de complicaciones invasivas (meningitis, sepsis).
El esquema de vacunación frente a neumococo en mayores varía según edad, antecedentes y vacunas previas — por eso conviene que sea el médico o enfermera del centro de salud quien valore qué pauta corresponde a cada persona, en función de su historia clínica y del calendario vigente.
Herpes zóster
El virus que causa la varicela en la infancia queda dormido en el cuerpo y puede reactivarse décadas después en forma de herpes zóster (la llamada “culebrilla”). En personas mayores, este episodio puede ir seguido de un dolor crónico muy intenso (neuralgia postherpética) que puede durar meses o años.
La vacuna frente a herpes zóster reduce significativamente el riesgo de padecer el episodio y, sobre todo, el de desarrollar dolor crónico posterior. Está incluida en el calendario para personas mayores a partir de la edad que cada comunidad autónoma haya fijado. Preguntar en el centro de salud si se está dentro del grupo diana.
COVID-19
Las recomendaciones de vacunación frente a COVID-19 en personas mayores se actualizan cada año según la situación epidemiológica y las variantes circulantes. La pauta general en personas mayores es una dosis de recuerdo en cada campaña estacional, habitualmente coincidiendo con la de la gripe.
Conviene comprobar cada otoño qué dice la campaña vigente y consultar con el centro de salud, porque las recomendaciones cambian de un año a otro.
Tétanos (recuerdo en adultos)
La vacuna del tétanos puesta en la infancia pierde eficacia con el tiempo y conviene revisar el estado de vacunación al llegar a la edad adulta. En personas mayores, el ministerio recomienda comprobar el historial y aplicar dosis de recuerdo si faltan o han pasado muchos años desde la última.
Este punto es especialmente relevante en personas que viven en zonas rurales, trabajan con tierra o animales, o han sufrido heridas profundas — situaciones en las que el riesgo de tétanos sube.
Otras vacunas a valorar individualmente
Hay vacunas que no están en el calendario sistemático para mayores pero que pueden recomendarse caso por caso:
- Hepatitis B en personas con factores de riesgo o enfermedad hepática.
- Hepatitis A si se viaja a zonas con alta prevalencia.
- Vacunas del viajero (fiebre amarilla, fiebre tifoidea, encefalitis) si se planifica un viaje internacional.
- Tosferina en convivientes con bebés pequeños.
Estas valoraciones se hacen en el centro de salud o en un centro de vacunación internacional, según el caso.
Dónde se administran
En España, las vacunas del calendario para personas mayores se ponen de forma gratuita en:
- El centro de salud asignado por tarjeta sanitaria. Es el lugar habitual y suficiente para todas las vacunas del calendario.
- Campañas estacionales en residencias y centros de mayores, organizadas por la consejería autonómica de sanidad.
- Centros de vacunación internacional, sólo para vacunas no incluidas en el calendario general (viajes, situaciones específicas).
Si la persona tiene movilidad reducida o no puede desplazarse, conviene preguntar en el centro de salud por la posibilidad de vacunación a domicilio o en el propio centro de día/residencia.
Mitos y dudas frecuentes
- “La vacuna me va a dar la enfermedad”: las vacunas actuales recomendadas en mayores no contienen virus vivos capaces de provocar la infección. Las molestias habituales (algo de fiebre, dolor en el brazo, cansancio uno o dos días) no son la enfermedad, sino la respuesta normal del cuerpo.
- “Si nunca me ha dado gripe, no necesito vacuna”: el riesgo no es haberla padecido antes, sino la posibilidad de complicaciones si llega. La vacuna actúa sobre el segundo punto.
- “Tengo muchas enfermedades, mejor no me vacuno”: precisamente las personas con enfermedades crónicas son las que más se benefician — son las que peor toleran una infección añadida. Las contraindicaciones reales son muy pocas y las valora el equipo médico.
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