Las úlceras por presión son una de las complicaciones más temidas — y más prevenibles — del cuidado de personas con movilidad muy reducida. Aparecen sin ruido, en zonas que la persona no ve, y cuando se descubren ya están bastante avanzadas. Esta página explica qué son, quién está en riesgo y qué se puede hacer desde casa para prevenirlas. No incluye pautas de cura: cuando ya hay una lesión, el cuidado lo marca el equipo de enfermería del centro de salud.
Qué son (idea general)
Una úlcera por presión es una lesión de la piel — y a veces de tejidos más profundos — que aparece cuando una zona del cuerpo soporta presión continua sin alivio durante demasiado tiempo. La presión corta el aporte de sangre a esa zona, y los tejidos sin oxígeno empiezan a sufrir.
No hace falta una presión enorme: el peso del propio cuerpo apoyado siempre en el mismo punto, mantenido horas, es suficiente. Por eso aparecen en personas que pasan mucho tiempo en cama o en silla sin moverse.
Las zonas donde aparecen con más frecuencia son las prominencias óseas:
- Sacro y coxis (la zona baja de la espalda).
- Talones.
- Caderas (trocánteres).
- Omóplatos.
- Codos.
- Detrás de la cabeza, sobre todo en personas que pasan mucho tiempo tumbadas boca arriba.
- Detrás de las orejas si hay mascarilla de oxígeno o gafas mantenidas.
Quién está en riesgo
No todo el mundo encamado las desarrolla. Los factores que más pesan:
- Movilidad muy reducida: encamamiento o silla muchas horas seguidas.
- No poder cambiar de postura solo: necesidad de ayuda externa para girarse.
- Pérdida de sensibilidad en alguna zona del cuerpo (por neuropatía, secuela de ictus, lesión medular).
- Estado nutricional pobre: pérdida de peso reciente, poca proteína, poca ingesta.
- Piel frágil o muy fina (típica de personas muy mayores).
- Humedad mantenida: incontinencia urinaria o fecal, sudoración importante.
- Procesos agudos: fiebre, infección, deshidratación.
- Edemas en piernas y pies.
Si la persona suma varios de estos factores, las primeras 48-72 horas tras un ingreso, una caída o un proceso agudo son especialmente delicadas.
Cambios de postura: la medida estrella
La forma más eficaz de prevenir una úlcera por presión es no dejar que ninguna zona del cuerpo soporte presión continuada. En la práctica esto significa cambiar la postura de la persona con regularidad. La frecuencia exacta no es la misma para todos: depende del estado de la piel, del tipo de colchón y del riesgo individual. Esa pauta la fija el equipo de enfermería del centro de salud, que conoce el caso. Conviene preguntar explícitamente: “¿con qué frecuencia tengo que cambiar de postura en casa?”.
Algunas ideas generales que aplican a la mayoría de los casos:
- Alternar posturas: boca arriba, lado derecho, lado izquierdo, semisentado. No mantener varias horas la misma.
- Lateralizar a 30°, no a 90°: girar del todo apoya el trocánter (cadera) sobre el colchón, y ese punto es de los más vulnerables.
- Talones suspendidos: una almohada bajo las pantorrillas que deje el talón en el aire sin apoyar reduce mucho el riesgo en esa zona.
- Almohadas separando zonas óseas: entre rodillas, entre tobillos, bajo el brazo del lado en el que la persona está apoyada.
- No subir el cabecero más de 30° sostenidamente: cuanto más sentado el tronco, más se desliza el cuerpo y aparece fricción sobre el sacro.
Si la persona está la mayor parte del día en silla, también hay que cambiar postura ahí: levantar peso unos segundos cada hora si puede sola, inclinarse a un lado y a otro, o recolocar al menos cada dos horas si necesita ayuda.
Vigilar la piel cada día
Aprovechar el momento del aseo para revisar las zonas de riesgo. Lo que hay que mirar:
- Enrojecimientos que no desaparecen al cambiar de postura y esperar 15-30 minutos. Es la primera señal.
- Cambios de color (rojo, morado, azulado) en zonas de apoyo.
- Calor o frío anormales al tocar.
- Endurecimiento o reblandecimiento de la piel.
- Ampollas, descamación, grietas.
- Cualquier herida abierta, por pequeña que sea.
Si aparece cualquiera de estos signos, avisar al centro de salud sin esperar. La enfermera valora la lesión, la clasifica y pauta el cuidado adecuado. No aplicar pomadas, cremas, vendajes o productos por iniciativa propia: lo que funciona en un grado de úlcera puede ser perjudicial en otro.
Piel limpia, seca y bien hidratada
El otro pilar de la prevención es el cuidado básico de la piel:
- Aseo regular con agua templada y jabón suave. Sin restregar las zonas de riesgo.
- Secado a toques, especialmente en pliegues. La humedad mantenida macera la piel y la hace más vulnerable.
- Hidratación con crema neutra después del aseo. Una crema corporal sin perfume, suficientemente densa, aplicada sin masaje fuerte sobre prominencias.
- No masajear sobre enrojecimientos: aunque la intuición lo pida, “frotar para que vuelva la circulación” empeora la lesión. Mejor cambiar de postura y dejar que la piel se recupere sola.
Ropa de cama lisa y sin arrugas
Pequeño detalle muy importante:
- Sábana bajera bien estirada, sin pliegues bajo el cuerpo.
- Sin migas, sin objetos sueltos entre las sábanas — un mando, unas gafas dejadas en la cama dejan marca en pocas horas.
- Sin costuras gruesas justo bajo zonas de apoyo. Mejor sábana lisa, sin bordes contra el sacro.
- Cambio de empapador o pañal en cuanto haya humedad. No dejar la zona húmeda “hasta el siguiente cambio programado”.
- Ropa de la persona también lisa: camisones sin botones bajo la espalda, pijamas que no aprieten en zonas de apoyo.
Alimentación y líquidos
La piel con buen aporte de nutrientes resiste mejor. Tres puntos:
- Proteína suficiente en cada comida (huevo, pescado, carne magra, legumbres, lácteos). La pérdida de masa muscular y de proteínas séricas multiplica el riesgo.
- Hidratación: cumplir con el aporte diario de líquidos que recomiende el equipo médico — ver hidratación en personas mayores.
- Si hay pérdida de peso reciente o falta de apetito, comentarlo en consulta. A veces el equipo médico valora suplementos o ajuste de la dieta.
Productos de apoyo útiles
No sustituyen al cuidado básico, pero ayudan en casos de riesgo alto:
- Colchón de presión alternante (aire) o de viscoelástica de alta gama. La enfermera o el médico pueden orientar sobre cuál encaja en cada caso.
- Cojín antiescaras para silla o sillón.
- Taloneras que descargan el peso de los talones.
- Protectores de codos.
- Empapadores absorbentes de buena calidad si hay incontinencia.
Algunos de estos productos están financiados parcialmente — ver productos de apoyo.
Cuándo avisar a enfermería del centro de salud
Sin esperar a la próxima cita:
- Aparece una zona enrojecida que no desaparece tras 30 minutos sin apoyo.
- Cualquier herida nueva, por pequeña que parezca.
- Cambio de coloración (rojo intenso, morado, negro) en zonas de apoyo.
- Ampolla sobre prominencia ósea.
- Olor desagradable o secreción en una zona de la piel.
- Dolor en una zona de apoyo concreta.
- Empeora una lesión que ya se estaba siguiendo.
La enfermería del centro de salud entra a domicilio cuando la persona no puede acudir. El cuidado de una úlcera es competencia profesional: no se improvisa.
Cómo seguir desde aquí
- Aseo cuando cuesta moverse — buen momento para revisar la piel.
- Higiene personal en mayores — rutina general.
- Hidratación en personas mayores — clave para la piel.
- Productos de apoyo — colchones, cojines y prestaciones.