Tiempo estimado: ~30 min

Pasos resumidos

  1. Mantener una lista única y actualizada de toda la medicación.
  2. Usar un pastillero semanal preparado con calma una vez por semana.
  3. Fijar horarios estables asociados a las comidas y a la rutina del día.
  4. Revisar periódicamente la lista con el médico de cabecera y con farmacia.
  5. Tener un plan claro ante una toma olvidada: preguntar siempre al profesional.

Muchos mayores toman varios medicamentos al día, a veces de distintos médicos. Una buena organización reduce errores, evita duplicidades y da tranquilidad al cuidador familiar. Esta guía explica cómo montar un sistema sencillo en casa.

Esta guía no entra en dosis, intervalos, nombres de medicamentos ni recomendaciones de tratamiento. Eso lo decide el médico que prescribe. Aquí se trata sólo de cómo organizar lo que ya ha pautado un profesional.

Paso 1: hacer una lista única y actualizada

El primer paso es tener una sola lista, no papeles sueltos por la casa. La lista debe recoger, por cada medicamento que toma actualmente:

  • Para qué se toma (en lenguaje claro).
  • Quién lo ha prescrito (médico de cabecera, especialista, urgencias).
  • Cuándo se empezó a tomar.
  • Indicaciones particulares anotadas por el médico o por farmacia (con o sin comida, separado de otro fármaco, no triturar, etc.) sin reinterpretar.
  • Fecha de la última revisión médica de esa pauta.

Convencionalmente, esta lista se conoce como “hoja de medicación” o “plan de medicación”. Si el médico de cabecera la imprime desde el sistema de salud, mucho mejor: es la versión oficial. Pedirla actualizada al menos una vez al año o cada vez que cambie algo.

Guardar la lista en un lugar visible y accesible (puerta de la nevera, carpeta del cuidador). Que cualquier persona que entre en casa — familiar, cuidadora, equipo de emergencias — pueda verla.

Paso 2: usar un pastillero semanal

El pastillero es la herramienta clave. Modelos habituales:

  • Pastillero de 7 días con varios compartimentos por día (mañana, comida, tarde, noche). Suficiente en la mayoría de casos.
  • Pastilleros mensuales o con alarma para situaciones de mucha medicación o riesgo de olvido.
  • Sistemas personalizados de dosificación (SPD) que ofrecen algunas farmacias: la farmacia prepara blísteres semanales con la medicación organizada. Útil cuando hay polimedicación o deterioro cognitivo.

Reglas prácticas:

  • Preparar el pastillero una sola vez por semana, en un momento tranquilo, con buena luz y sin distracciones. La cocina con la tele encendida no es el sitio.
  • Hacerlo siempre la misma persona, o como mucho dos personas coordinadas. Si rota la responsabilidad sin acuerdo, aparecen los errores.
  • Comprobar dos veces lo que se está cargando, especialmente al añadir un medicamento nuevo o cambiar de envase.
  • No mezclar fármacos sueltos en el pastillero sin saber qué es cada uno. Si hay dudas, no rellenar y consultar.
  • Conservar los envases originales con su prospecto. El pastillero no sustituye al envase, sólo lo prepara para la semana.

Paso 3: fijar horarios estables

La medicación se cumple mejor cuando los horarios se asocian a algo del día que ya pasa siempre:

  • Las del desayuno, justo después del desayuno.
  • Las de la comida, en la mesa.
  • Las de la noche, antes de acostarse, junto al vaso de agua.

Los horarios concretos los marca el médico. Aquí el cuidador sólo decide en qué momento estable del día encajan, dentro de lo que la pauta permita. Si el médico ha dicho “una por la mañana”, el cuidador no decide a qué hora exacta sin consultar — sólo elige el momento del día que mejor encaja en la rutina familiar.

Para personas con deterioro cognitivo o que viven solas, ayudan:

  • Alarmas en el móvil o reloj del mayor o del cuidador.
  • Avisos vinculados a teleasistencia en algunos territorios.
  • Pizarra de día visible con las tomas ya hechas marcadas.

Lo importante es que el sistema sea estable: el mismo lugar para el pastillero, el mismo cuidador que lo prepara, el mismo lugar donde se anota lo tomado.

Paso 4: revisar la medicación con el médico y con farmacia

La medicación de una persona mayor cambia con los años. Sin revisión periódica, se acumulan fármacos antiguos, duplicidades entre especialistas, o pautas que ya no aplican.

Recomendaciones:

  • Revisión anual completa con el médico de cabecera: revisar uno a uno cada medicamento, valorar si sigue siendo necesario, simplificar la pauta si es posible. Esta revisión se llama conciliación de la medicación.
  • Aviso al médico al alta hospitalaria: tras un ingreso conviene revisar el plan completo, porque suelen sumarse fármacos nuevos que no siempre sustituyen los anteriores.
  • Farmacia comunitaria: el farmacéutico de confianza puede ayudar a detectar interacciones, simplificar formatos, sugerir SPD o explicar cómo tomar un fármaco nuevo. Es un recurso muy infrautilizado por las familias.
  • Cambios bruscos en el estado (más somnolencia, mareo, confusión, caídas, problemas digestivos): comunicar siempre al médico, porque pueden estar relacionados con la medicación.

Nunca añadir, retirar ni cambiar la dosis de un medicamento por iniciativa propia, ni siquiera “porque parece que sienta mal”. Llamar al médico o, en su defecto, al servicio de urgencias o al teléfono sanitario de la comunidad autónoma.

Paso 5: qué hacer ante una toma olvidada

Es la pregunta más frecuente de los cuidadores. No tiene una respuesta única: depende del fármaco, del tiempo transcurrido y de la pauta. La regla práctica es:

  • No “compensar” con una dosis doble ni adelantar la siguiente sin saber. Doblar tomas puede ser peligroso.
  • Consultar al médico, al farmacéutico o al teléfono sanitario de la comunidad autónoma antes de tomar decisiones. Muchos prospectos llevan instrucciones específicas para olvidos, pero conviene confirmar.
  • Anotar el olvido en el registro del cuidador, para comentarlo en la próxima revisión. Si los olvidos se repiten, hay que cambiar el sistema (pastillero distinto, recordatorio, supervisión, SPD de farmacia).

Errores frecuentes en el día a día

  • Trasvasar pastillas de un envase a otro sin saber qué se está mezclando.
  • Suspender un medicamento porque “ya está mejor”.
  • Doblar tomas para “ponerse al día”.
  • Dejar el pastillero al alcance de niños o de personas con deterioro cognitivo sin supervisión.
  • No avisar al médico de cabecera de lo que prescribe un especialista, o al revés.
  • Triturar comprimidos sin saber si se pueden triturar.

Cómo seguir desde aquí