Es una escena habitual en muchas casas: un pastillero con varias filas, fármacos de distintos especialistas que nadie ha mirado en conjunto desde hace tiempo, y la sensación de que “se toma mucho, pero el médico lo manda”. Cuando una persona mayor toma varios medicamentos al día, conviene saber que el propio número de fármacos es, en sí mismo, un factor de riesgo. No se trata de quitar por las bravas, sino de revisar con cabeza.

Qué es la polimedicación

Se habla de polimedicación cuando una persona toma varios medicamentos de forma habitual, normalmente cinco o más. No es raro en mayores: con los años se acumulan diagnósticos, y cada uno suma su tratamiento. El problema no es uno solo, sino el conjunto: cuantos más fármacos, más posibilidades de que interaccionen entre sí, de que aparezcan efectos adversos y de que el manejo diario se complique.

A veces se llega a un círculo: un fármaco produce un efecto secundario que se confunde con un síntoma nuevo, para el que se receta otro fármaco, que a su vez añade efectos. Romper ese círculo es justo lo que busca una buena revisión.

Por qué en los mayores hay más riesgo

El cuerpo cambia con la edad. El hígado y el riñón eliminan los medicamentos más despacio, así que se acumulan con más facilidad. La sensibilidad a ciertos fármacos aumenta. Y muchos mayores tienen varios especialistas que recetan sin ver la foto completa de lo que ya toma la persona. Ese descoordinación entre médicos es una de las causas más frecuentes del exceso de medicación.

Señales de alarma que conviene vigilar

Algunos cambios que se atribuyen “a la edad” son en realidad efectos de la medicación, y mejoran al ajustarla:

  • Mareos, inestabilidad o caídas recientes.
  • Somnolencia, confusión o falta de memoria que aparecen o empeoran.
  • Pérdida de apetito, náuseas o estreñimiento sin otra causa clara.
  • Apatía o tristeza nuevas.
  • Tomar un medicamento para contrarrestar el efecto de otro.

Si coinciden con un fármaco nuevo o un cambio de dosis, es una pista para comentarlo con el médico.

Cómo pedir una revisión del tratamiento

Lo más útil que puede hacer una familia es solicitar una revisión conjunta de toda la medicación, normalmente con el médico de cabecera, que es quien tiene la visión global. Para que sea productiva:

  • Lleva la lista completa y real de todo lo que toma la persona, incluido lo que compra sin receta, las vitaminas, los suplementos y las hierbas. Todo cuenta y todo puede interaccionar.
  • Apunta desde cuándo toma cada cosa y quién lo recetó.
  • Comenta los síntomas nuevos y cuándo empezaron.
  • Pregunta abiertamente: ¿sigue siendo necesario cada fármaco?, ¿hay alguno que se pueda retirar o reducir?, ¿alguno se solapa con otro?

El médico puede entonces valorar lo que se conoce como desprescripción: retirar de forma planificada y segura los fármacos que ya no aportan o cuyo riesgo supera al beneficio.

La regla de oro: nunca por tu cuenta

Aquí va la advertencia más importante. Por muy convencido que estés de que sobra alguna pastilla, no se retira ni se cambia la dosis sin el médico. Suspender de golpe ciertos fármacos (para el corazón, la tensión, el azúcar, la epilepsia o los psicofármacos, entre otros) puede ser peligroso, a veces más que el propio medicamento. La revisión la propones tú; las decisiones las toma el profesional.

Un buen sistema de organización diaria, con un pastillero claro o la ayuda de la farmacia, reduce además los errores de tomas duplicadas u olvidadas, que son otra fuente de problemas cuando hay muchos fármacos en juego.