Ayudar a una persona mayor a moverse parece sencillo hasta que uno tiene que hacerlo varias veces al día. Mal hecho, acaba con caídas, con la espalda del cuidador hecha polvo y con la persona mayor cada vez más insegura. Bien hecho, mantiene la autonomía el mayor tiempo posible y protege a quien acompaña. Esta guía recoge los gestos básicos que conviene tener interiorizados antes de necesitarlos, no en mitad de una urgencia.

Antes de ayudar: observar y preguntar

No todas las personas mayores necesitan la misma ayuda. Antes de cualquier transferencia conviene observar:

  • Qué puede hacer por sí misma: si puede empujarse con los brazos, si aguanta de pie unos segundos, si carga peso en las dos piernas o solo en una.
  • Dónde están las debilidades: una rodilla que falla, una cadera operada, un brazo con menos fuerza tras un ictus.
  • Qué siente hoy: hay días buenos y días peores. Lo que ayer hacía sola, hoy puede necesitar apoyo.
  • Qué prefiere: muchas personas mayores tienen su propia técnica y prefieren que se les respete el ritmo.

Preguntar siempre antes de tocar: “voy a ayudarte a levantarte, ¿cómo prefieres que lo hagamos?”. La persona mantiene control y se reduce la resistencia.

Levantarse de la silla

Una transferencia silla → de pie típica:

  1. Acercar los pies a la silla, separados al ancho de las caderas, ambos firmes en el suelo.
  2. Inclinar el tronco hacia delante — “nariz por encima de los pies”.
  3. Apoyar las manos en los reposabrazos, no en el cuidador.
  4. Empujar con las piernas mientras se endereza el tronco.
  5. El cuidador acompaña, no levanta. Se coloca enfrente o ligeramente al lado, una mano en la cintura o en el omóplato para guiar, la otra disponible.

Si la persona no puede empujar con los brazos, la silla es demasiado baja o blanda: cambiar la silla antes que cambiar la técnica. Sillas con reposabrazos firmes y asiento alto facilitan la salida.

Para entornos donde hay que repetir esta transferencia muchas veces al día, ver Adaptar la casa para personas mayores.

Levantarse de la cama

Sentarse en el borde de la cama antes de ponerse de pie:

  1. Girar de boca arriba a costado: la persona se gira al lado por el que va a salir, flexionando rodillas.
  2. Sacar las piernas por el borde mientras se empuja el tronco hacia arriba con el codo de apoyo.
  3. Quedar sentada en el borde unos segundos antes de ponerse de pie — esto evita el mareo al cambiar de postura, especialmente en mayores con tratamiento de tensión.
  4. Si va a levantarse, repetir el patrón de la silla: pies en el suelo, tronco adelante, empuje de piernas.

Si la persona no llega a girar sola, el cuidador puede ayudar con una mano en el hombro y otra en la rodilla doblada para iniciar el giro, sin tirar del brazo (lesiona el hombro).

Una cama articulada o con elevación de cabecero facilita enormemente esta secuencia.

Acompañar al caminar

Caminar junto a una persona mayor no es ir delante tirando del brazo:

  • Posición: ligeramente atrás y al lado, del lado más débil.
  • Mano en el codo o cintura, no en la mano: tirar de la mano desequilibra y, si la persona empieza a caer, no se puede sujetar bien.
  • Adaptar el ritmo a la persona, no al revés. Mejor pasos cortos y seguros que largos e inestables.
  • Mirar al suelo unos metros adelante, no a los pies inmediatos.
  • Hacer pausas sin que la persona tenga que pedirlas, especialmente en pasillos largos.

Si hay miedo a caer, conviene ofrecer apoyo aunque la persona diga que puede sola. El miedo en sí limita la marcha y aumenta el riesgo.

Uso del bastón

El bastón se usa en el lado contrario a la pierna débil. Si la rodilla mala es la derecha, el bastón va en la mano izquierda. El esquema básico:

  1. Avanza el bastón.
  2. Avanza la pierna débil hasta el bastón.
  3. Avanza la pierna fuerte por delante.

La altura correcta: con el brazo relajado al costado, el puño del bastón a la altura de la muñeca. Demasiado largo cansa el hombro, demasiado corto hace caminar inclinado.

El bastón no se aprieta con fuerza — se apoya. Si la persona se agarra con todas sus fuerzas porque siente que se cae, el bastón ya no es suficiente y hay que valorar un andador.

Uso del andador

El andador da más estabilidad. Tipos básicos:

  • Andador fijo (sin ruedas): se levanta a cada paso. Más estable pero más cansado.
  • Andador con dos ruedas delante: se empuja, no se levanta. Buena opción intermedia.
  • Andador con cuatro ruedas y asiento (rollator): para personas que necesitan parar a descansar; trae freno tipo bicicleta.

Patrón básico de marcha con andador:

  1. Avanzar el andador medio paso por delante.
  2. Avanzar la pierna débil hasta el centro del andador.
  3. Avanzar la pierna fuerte por delante.

La altura, como el bastón: muñeca a la altura del agarre con el brazo relajado.

Para el andador con ruedas y asiento es importante explicar que el freno se aprieta antes de sentarse, nunca al revés.

Transferencia cama → silla de ruedas

Si la persona usa silla de ruedas:

  1. Colocar la silla en ángulo (unos 45 grados) respecto a la cama, en el lado más fuerte.
  2. Frenar la silla y retirar el reposapiés del lado de la transferencia.
  3. Sentar a la persona en el borde de la cama como se vio antes.
  4. Pies firmes en el suelo, cuerpo inclinado adelante.
  5. El cuidador, enfrente, apoya las rodillas contra las de la persona para evitar que cedan, agarra por la espalda o por el cinturón de transferencia, y guía el giro.
  6. Pivotar sobre los pies, no arrastrar. La persona se sienta suavemente en la silla.

Cuando la transferencia ya no es segura ni con esta técnica, hay grúas de bipedestación y grúas completas que el equipo de Atención Primaria o la trabajadora social pueden valorar.

Cuidar la espalda del cuidador

La mayoría de lesiones de cuidador familiar son lumbares y se producen por gestos repetidos mal hechos:

  • Doblar las rodillas, no la espalda. Para cualquier carga, bajar agachando rodillas con tronco vertical.
  • Acercar el cuerpo a la persona antes de moverla. Cuanto más lejos, más peso multiplicado.
  • No girar el tronco con peso: pivotar con los pies.
  • Pedir ayuda para cargas mayores. Dos personas hacen una transferencia con la mitad del esfuerzo y mucho menos riesgo.
  • Material adecuado: cama articulada a la altura del cuidador, sillas firmes, baño adaptado.

Si la espalda ya duele cada noche, no es “porque sí” — es señal de que la técnica o el entorno necesitan revisión.

Cuándo pedir valoración del fisioterapeuta

Hay momentos en que el aprendizaje en casa se queda corto y conviene una valoración profesional:

  • Tras un ingreso hospitalario, una caída con lesión o una operación.
  • Cuando la marcha empeora claramente en pocas semanas.
  • Cuando el bastón ya no parece suficiente.
  • Cuando aparecen miedo intenso y bloqueo al caminar.
  • Cuando el cuidador se está lesionando.

La derivación se pide al médico de cabecera. En muchas zonas hay fisioterapia comunitaria en el centro de salud o servicios de rehabilitación domiciliaria si la persona no puede desplazarse.

Cómo seguir desde aquí